Contrabando "puerta a puerta", de Hong Kong hasta el Once

La red de contrabando liderada por Negro y Tata Paolantonio recibía los pedidos de mercadería prohibida y mandaba armar los contenedores directamente en Hong Kong.

Les presentamos una investigación realizada por el diario argentina Clarin sobre el contrabando en las importaciones:

En medio del fenomenal cerco a las importaciones montado desde la AFIP de Ricardo Echegaray, para los comerciantes de baratijas del Once, los talleres textiles de Flores o las casas de repuestos de la Warnes no resultaba demasiado difícil conseguir mercadería. Cualquiera fuera el producto que se quisiera ingresar a la Argentina, los hermanos Negro y Tata Paolantonio aseguraban a sus clientes un servicio "puerta a puerta". El primer paso era presupuestar el trabajo. El "diario" de la banda obtenido por Clarín contiene muchísimos ejemplos.

El 8 de julio de 2014, por caso, "Negro le pasó a Park Andrés cotización de hilado US$ 40.000". Ese mismo día también cotizó otra lata para un cliente denominado Sang: US$ 48.000 por accesorios. Su hermano también hacía ese trabajo. El 16 de agosto de ese mismo año "Tata le cotizó a Andrés Zhu por medias del contenedor N° 7 al 18 US$ 49.000, o sea doce contenedores".

El dinero presupuestado por la organización era solamente para cubrir los costos de una trama lógistica que comenzaba a 18.463 kilómetros de distancia de Buenos Aires, en la lejana Hong Kong. Allí, según pudo saber este diario, los Paolantonio cuentan con al menos dos firmas que representan sus intereses: se ocupan de adquirir a mercadería de los fabricantes chinos y de poner los contenedores arriba del barco. La documentación que acompañaba cada lata sale adulterada desde el origen. Se declara "lo bueno", se traslada "lo malo".

Esta investigación periodística pudo identificar con claridad a una de esas firmas intermediarias: se llama Armex Co. Limited y lleva el número 1726613 en el registro de empresas de Hong Kong, al que se incorporó desde el 12 de abril de 2012. La otra operadora en ese mercado se llamaría Panam, pero todavía no pudo ser localizada en dicho registro.

Los mencionados Park y Sang fueron dos de los mejores clientes de los Paolantonio en los últimos meses. Entre el 10 y el 13 de noviembre de 2014, a modo de ejemplo, la organización retiró de la terminal de BACTSSA nueve contenedores con mercadería prohibida, de los cuales cinco pertenecían a ambos compradores. Había cuatro cargados con Tx2 ("todo por dos pesos), otros tres de ROL (rollos de tela), uno de ROP (Ropa, posiblemente medias) y uno de REP (repuestos). A los valores que se manejaban entonces, solo en ese movimiento hubo en juego cerca de medio millón de dólares.

La empresa de los Paolantonio, Transportes DTM, solo aparecía formalmente en el momento de retirar el contenedor del puerto, luego de atravesar los primeros filtros de la Aduana. Hasta ese momento utilizaban alguna de la decena de empresas importadoras truchas con las que operaban, y que aparecían en los papeles como compradoras de la mercancía. También de tres o cuatro despachantes claramente identificados, que podían llegar a cobrarles de 300 a 500 dólares por hacer los trámites para cada una de las latas.

Los camiones de Transportes DTM SRL, a veces, podían trasladar el contenedor directamente al barrio del Once, donde era abiertos y descargados en algunas de las calles paralelas a la Avenida Corrientes. De todos modos, lo más usual era llevarlos a un depósito fiscal llamado TCT (Terminal de Cargas Tigre), ubicado en Acceso Trigre y Ruta 197, en el norte del conurbano.

CT es uno de los depósitos fiscales que ordenó clausurar el nuevo jefe de la Aduana, Juan José Gómez Centurión, a las pocas semanas de haber asumido su cargo en diciembre. Según los documentos obtenidos por Clarín, otro destino probable de las latas de los Paolantonio era el depósito Lo Primo, en el barrio de La Boca, también suspendido. En esos lugares, que son considerados zonas aduaneras secundarias, se producía la "nacionalización" definitiva de la carga, al amparo de la evidente complicidad de funcionarios aduaneros. Los bultos usualmente eran luego trasladada a un galpón operado por los hermanos, ubicado en Larrazabal 1999.

Fuente: Clarin